El relativismo cultural, brevemente expuesto, es como
sigue:
Los juicios están basados en la experiencia, y la experiencia la
interpreta cada individuo, como bien dice Herskovits, de acuerdo con su propia
endoculturación, vale decir, aquel proceso de condicionamiento, consciente o
inconsciente, que tiene lugar dentro de los límites sancionados por un
determinado conjunto de usos y costumbres de una determinada cultura, y que
permite la consiguiente adaptación social del individuo.
Considérese, por ejemplo, entre otros muchos casos, el del
pudor, la relatividad cultural del pudor.
El pudor no es innato, se enseña; y es un sentimiento
exclusivamente humano, porque como dice Wundt, de todos los animales el hombre
es el único que trata de ocultar una parte de su cuerpo, aun cuando descubra
las restantes.
Entre nosotros, el pudor se localiza en los órganos genitales;
en otras culturas tiene localizaciones distintas. Las mujeres maoríes, por
ejemplo, ante la presencia de un extraño se levantan el traje y se tapan la
cara, mostrando así lo que una mujer occidental cree propio ocultar. Es que las
occidentales localizan el pudor a la inversa, y con tal fuerza y pertinacia,
que muchas veces harían cualquier cosa por no quebrantar el tabú que les veda
revelar sus genitales.
Refiere a este propósito el Padre Feijoo que un verdugo
le contaba que cuando iba a atormentar a las mujeres, el momento terrible para
ellas no era el del dolor físico, sino el del trámite previo y obligado de
desnudarlas, hasta el punto que casi todas confesaban el delito en ese trance,
y no en el de apretarles las cuerdas, pues, vencido el pudor, resistían el
sufrimiento corporal, aunque los huesos se les quebrasen; mucho más, desde
luego, que los hombres. Y esto, como apunta el doctor Marañón, no sólo en las
vírgenes pudibundas, sino también en las prostitutas, que aparentemente habían
dilapidado hacía tiempo todo su recato.
El pudor de las chinas no residía en los genitales ni en la
cara, sino en los pies. Los pies eran, en efecto, el centro de localización del
pudor femenino. La mujer no los mostraba jamás, salvo en la intimidad del
tálamo conyugal.
Entre las representaciones eróticas del período Sung, y entre
las posteriores a éste, es imposible hallar una en la que se puedan ver desnudos
los pies de la mujer, que por lo demás publica sin reparo la desnudez del resto
de su cuerpo.
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Autor: Marco Antonio Denegri. (Perú)


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