viernes, 25 de agosto de 2017

De Benedetti a Silvio en la ternura de mi hogar.


Muchas cosas sueles pasar con tu esposa, de todas ellas se habla de magia cuando emerge el sentimiento de los hijos. Hoy he sido bendecido en ver de madrugada nuevamente a mi mujer acariciando a mi primogénito tratando de aliviarle una fiebre, le doy gracias en silencio, pues sin querer hace que ame más, mucho más a mi madre, mi Lady Rosa.

El Panadol hace su efecto, la fiebre se disipa y se le vienen las energías, pero como no lo dejaremos correr a las 4:35 am y en este frío, mi bebé dando atisbos de su genética de bardo que lleva intrínseca, se pone a cantar y pide ver dibujos animados del youtube, para cantar los tres. Le hacemos caso y todo es música, no solo la voz de mi tute, sino la mirada de Katia, ni el insomnio de dos días de trabajo previos opaca esa ternura, palabra que en verdad solo debe ser atribuida a la madre, los hombres nos merecemos otra palabra para nuestro cariño de hombres, la ternura solo puede ser atribuida a ese ser para quien solo significamos lo bueno.

En esta diatriba de sentimientos, la literatura se suele mesclar con la música y como una suerte de reflexionar sobre esta madrugada, contemplo la poesía de Benedetti en “Madre ahora” con frases tan profundas como “mi madre sigue en su ventana mirando su avenida, acaso no la mira?...solo repasa sus adentros?”; me consuma esa frase al relacionarla con mi barrio en Chiclayo e imaginar a mi madre en aquel balcón donde según ella siempre me espera.

Me siento afortunado, mi hijo, tiene la misma bendición que yo tengo, una madre en toda la extensión de la palabra, mi mujer, mi amiga, mi compañera, con quien cada madrugada también se convierte en el mejor de los conciertos y con el mejor recital, el del amor. Es por todo esto, que para los hijos que sentimos ello y tenemos esta bendición, solemos sentir el día de la madre, todos los días, como diría Silvio Rodríguez, sabemos a la “Madre con la palabra libertad”.

Pensar todo esto, me lleva a buscar registros de artículos que a veces guardo por interés o gusto y que generalmente suelo considerarlos un tesoro narrativo, de ensayo o de opinión valedera. En este escenario, precisamente me permito compartir lo que Benedetti manifestaba de Silvio Rodríguez, dejándolos como colofón de lo que siente mi corazón luego de una amanecida inolvidable con mi esposa y mi hijo, un concertó literario musical entre ambos personajes ya místicos y que tienen un mismo mensaje subliminal, "madre".

                                   Silvio Rodríguez, según Mario Benedetti:

Por muchas razones, y hasta sinrazones, Silvio Rodríguez es un cantante fuera de serie. Cofundador, con Pablo Milanés, Noel Nicola, Vicente Feliú, Eduardo Ramos, Sergio Vitier (y aunque nadie sabe quién la bautizó así) de la Nueva Trova, ha aportado su indudable prestigio a un movimiento que revitalizó la canción cubana y la catapultó en el plano internacional (…)Silvio es un talante inconfundible. Curiosamente, su voz no es cálida ni grave ni particularmente seductora, sino más bien aguda, de un timbre casi metálico y sin embargo frágil. A escucharlo, uno llega a temer que en cualquier momento se le quiebre, y ese riesgo (que en su caso no es deliberadamente buscado sino más bien lo asume como algo irremediable) también forma parte de su extraño atractivo. Con características que en cualquier otro cantante serían anti carismáticas, Silvio funda precisamente su carisma. Quizá el secreto resida en que siempre transmite una gran sinceridad, una honestidad a toda prueba, un no aparentar lo que no es, y, en estos tiempos de famas prefabricadas, de engendros de la machacona y mistificadora publicidad, esa actitud, a la que el público accede sin intermediarios, significa una bocanada de aire fresco en un ámbito, como el del espectáculo, por lo común tan especulativo como artificial. (…)

(…) la trayectoria de Silvio es el hilo conductor de su canto, y cuando los públicos, leales y fervientes, de cualquiera de los tres mundos, lo aplauden con denuedo y naturalidad, no sólo están premiando su arte, también su coherencia, su fidelidad a sí mismo, su capacidad de trabajo su rigor, su calidad humana. Silvio nunca será un mito; no viaja con su pedestal a cuestas. Sus públicos lo saben y tal vez por eso lo tratan como a un querido. Y sencillo compañero, que les canta y les dice las felicidades y las desdichas que ellos también quisieran cantar y decir tan entrañablemente como él. 


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