lunes, 3 de septiembre de 2018

Las Redadas Literarias de Belén Vila.




Uno de las oportunidades trascendentales que tuve de la cultura San Marquina a través de su Doctorado en Derecho y Ciencia Política, fue conocer a nivel doctrinario al constitucionalista alemán Peter Haberle, quien a través de su producción intelectual me hizo entender al Derecho como un conocimiento cultural y no como un mero producto del legislador. 

En su monumental obra “El Estado Constitucional” de influencia mundial, el citado autor, plantea como una de las premisas fundamentales para la generación de un Estado Constitucional, concebir entre otros, “la dignidad humana como premisa antropológico-cultural”, así como reconocer en el fortalecimiento de esta idea “el aporte de la literatura en la doctrina constitucional”, es más con genialidad, citando ejemplos como la unión interracial propugnada por Martín Luter King y la Paz Perpetua de Kant, concibe que las utopías constituyen un género literario sui generis mediante el cual se puede asegurar la legitimidad o la crítica de determinado proceso, en ese modo recalca que éstas ofrecen algunas veces experiencias y otras esperanzas; por ende, según este insigne alemán, el tipo de Estado Constitucional, está llamado a dar un “quantum de utopía” como forma de promoción de las libertades culturales dentro de un contexto de responsabilidad, generando esquemas normativos propios y urgentes.


Precisamente al estar inmerso en un acto de apego a la literatura en este proceso de generar comentarios a un esquema normativo urgente por afectación de la corrupción en las políticas públicas, viene a mí como aparición cultural oportuna el ensayo Redadas Literarias de Belén Vía (Uruguay) con quien tengo una gran amistad y con quien suelo compartir diálogos sobre política, literatura y arte, en estos últimos rubros, son extensas nuestras charlas sobre sus paisanos Benedetti y Los Iracundos. 

El ensayo acotado, resulta una suerte de espejo cultural que me plantea por un lado ironías y utopías de nuestra realidad que de ser concientizadas fortalecerían nuestra idea de Estado Constitucional y por extensión el de servicio público, de políticas públicas; y por otro lado me describe cómo la literatura a través de sus referentes como Juan Ramón Ribeyro, Alonso Cueto, Horacio Quiroga y otros, resulta la mejor forma de describir y exigir el alcance de nuestros derechos fundamentales.

Precisamente la literatura contenida en la obra “Los gallinazos sin plumas” de JR Ribeyro, como señala Vila, retrata la capital peruana como una metrópoli sofocante de día, de “un orden fantasmal” frase del propio Ribeyro contenida en la obra, dibujando dentro de una crítica de vanguardia el abuso infantil de un lado y de otro la indiferencia a este mal de la propia sociedad, incluido el Estado; donde sus políticas públicas sobre salud, educación y justicia son seriamente cuestionadas, así, como bien señala Vila en su ensayo, “Ribeyro plantea un interés por la psicología del individuo” (lo que incluye a estas niños víctimas del olvido social y estatal que pese a estar enfermos tienen que ir a trabajar en la basura para poder comer), así la autora bajo comentario, con acierto señala que los personajes ribeyranos “viven sus propios dramas inferiores”, sin embargo su contexto jurídico social, a ese drama cae en una suerte de negacionismo, que impera hasta hoy; sin embargo para el mismo Ribeyro en este escenario de realidad que nos pone en su obra emblema, habría sido una suerte de utopía, que esos “gallinazos sin plumas” no buscaran comida como relata en su obra, sino que buscaran el “terocal”; aquella droga casera inhalada en bolsas domésticas usadas del propio basural, como lo es en la realidad actual, como si hoy estos niños víctimas, buscaran más que alimentarse, olvidar todo lo que les rodea, todo, hasta de ellos mismos. 

Como plantea Vila, “una metáfora de la condición infrahumana en la que viven”, en la vigencia de la plena idea del Estado Constitucional, realidad y contradicción o ironía inobjetable que hoy Belén Vila a través de su ensayo, nos permite recordar y además saber que este mal se ha agravado, no debiendo ser admisible el negacionismo por parte de esta generación; en este extremo me resulta escalofriante, real y pertinente, establecer como grito de cambio la siguiente frase plasmada en este ensayo: “no podemos naturalizar la desgracia del prójimo” – los derechos fundamentales son de todos, sin son de pocos no existen, son solo enunciados retóricos y en algunos casos metodológicos para justificar políticas públicas que han fracasado en el devenir de la república.

Asimismo, como refiere nuestra amiga Belén Vila, la trascendencia de la obra emblema de Ribeyro no queda estancada según lo expresado anteriormente, sino que además “conforma una denuncia de índole ambientalista – existencialista”, adelantada para su tiempo. Como refiere con acierto, en este esquema de vida, “el tópico del agua, elemento Green, es presentado como un negativo”, cierra tan magnífico capítulo de cometario, concluyendo que ni el propio Ribeyro, “haya pensado en que años más tarde su material fuera releída de la postura eco crítica, dado que en los textos estudiados reside una preocupación intelectual más que ambiental”.

De lo descrito, resulta evidente que Vila con su ensayo, ha dado lugar a formularme utopías tales como, el cese del orden fantasmal de ésta capital de concreto y de la indiferencia, el cese total del abuso infantil y sobretodo la certeza, justicia y legalidad de su represión; en suma la muerte de la indiferencia social del abuso infantil, a través de la eficacia de las políticas públicas; ésta diatriba en condición de interrogante, resulta un catalizador inmediato de esperanza, y por ello, le agradezco, mientras haya esperanza en estas utopías donde el sistema de los derechos fundamentales funcione, nos acercaremos más a nuestro tan mentado y difundido Estado Constitucional y su defensa.

Además el ensayo en mención, resulta de una culturalidad inobjetable pues teniendo como base los “Cuentos inolvidables del ande” de Santos Blanco penetra en la ficción literaria de los andes del norte peruano (Chota) presentándolo como un legado cultural, no como una mera “ilusión de los sentidos humanos” en palabras de Todorov, sino que le da el estatus de “ley del mundo” , haciendo que la literatura nos dibuje a la costumbre de los pueblos como fuente cultural de los Estados y aunque su narrativa a veces rose con lo fantástico, el mensaje subliminal que hay detrás de ello, es la importancia de la naturaleza y su relación con el individuo; todo este plano va como “contra cara” al mundo corporativo actual donde “los amos de la sociedad no son las personas sino las empresas” como diría Noam Chomsky, en este extremo el ensayo bajo comentario, nos presenta las grandes contradicciones del existencialismo actual.

De este terreno de lo fantástico, Vila, nos aterriza en un problema de realidad actual, con seria prognosis de metamorfosis en el futuro: la violencia, en base a precisos comentarios de las obras “Abril Rojo” y “La Hora Azul”, de Santiago Roncagliolo y Alonso Cueto, respectivamente. La primera de ellas, original en sus alcances, pues muestra a la violencia de parte del Estado a razón de la desnaturalización del proceso electoral del 2000, donde la corrupción, se manifestó en frases como “papelito manda” de José Portillo, como parte de un proceso electoral cuestionado incluso internacionalmente y por otro lado la novela de tintaje negro nos muestra la historia de un fiscal-Felix Chacaltana, que tras la investigación de un homicidio dentro de un contexto del rebrote de Sendero Luminoso (muerte de un teniente antiterrorista de la década del 80), resulta descubriendo toda una trama de corrupción y violencia “paramilitar” que termina en la muerte de otros ciudadanos con la complicidad de un comandante superior que busca mantener el estatus del poder militar en la jurisdicción de Ayacucho.

Acertadamente, Vila, presenta a Roncagliolo como un denunciante literario de crímenes de lesa humanidad por parte de militares que aprovechando la amenaza del grupo terrorista Sendero Luminoso justificaban execrables acciones de desaparición forzosa de ciudadanos. En “La hora azul”, donde se presentan algunas concepciones capitalinas (de escritorio) acerca de la “reconciliación” posterior a la caída del grupo genocida, Vila con acertado criterio va más al fondo, pues además trata de una violencia practicada indiscriminadamente que confunde a la sociedad civil, cerrando su idea señalando que en este procedimiento “al fin de cuentas no se distingue si el enemigo es el Estado o Sendero”, contexto bajo el cual como señala la referida autora, si bien se inscribe una memoria de horror de una época también se inscribe entre comillas el olvido, sin haberse considerado, como en el presente ensayo, que “el caso que nos convoca la memoria y el olvido funcionan como preludio de lo trágico”. 


Pero Belén plantea además algo interesante, “el tópico de la paz como ideal individual o acuerdo social”; siendo que para ella, en las dos obras, “la paz se acerca al ideal individual más que a un acuerdo social”, y yo le doy la razón con pena, entendiendo que la paz como finalidad del contratado social debe ser propugnada por todos. Como señala Belén, en este contexto, hablamos de una paz solo de forma, lejana al ideal del Estado Constitucional. Cerrando este eje verbo rector de su ensayo, Belén, nos vuelve a la ficción contenida en la película “Guerra Mundial Z”, que trata de una pandemia mundial generadora de Zombies, relacionando este aspecto con “una metáfora de irracionalidad post moderna que se manifiesta por actitudes instintivas y que paulatinamente destruye la naturaleza humana”, aquella naturaleza que se distingue precisamente por tener alma, cuerpo e identidad; cabalmente Belén Vila la describe como la “estética del horror, la era zombi que vive entre nosotros y gusta”.

Todas estas descripciones muestran a Belén Vila como realmente es, una joven referente cultural, con vehemencia literaria y crítica responsable, que hace de su razón contenida en Redadas Literarias, por un lado la mejor versión crítica vigente a nivel de ensayo de la obra de Ribeyro que he leído, (no por algo su presentación la esgrime en modo merecidamente técnico Jorge Coaguila, uno de los pocos analistas críticos serios a nivel nacional) y por otro lado un imput para replantearnos los conceptos de políticas públicas dentro de las exigencias de un verdadero Estado Constitucional.

En mis cuatro décadas de vivir y cerca de diez de leer literatura, he podido contemplar dos escenarios bajo los cuales se produce, en sus distintas expresiones (novelas, artículos, ensayos, etc); un ámbito bajo el cual la producción se mueve en base a estándares de aceptación y estructuras puestas por grandes editoriales, donde el relato es débil e intrascendente – Vargas Llosa, con acierto, denomina la “literatura light”; donde importa más la producción que la creación; sin embargo al mismo tiempo también en este mar de culturalidad navega como una suerte de torpedo silencioso la creación que se produce bajo una incertidumbre de tener cobijo editorial pero en donde importa la creación misma, su finalidad cultural, su alcance, su objeto, su trascendencia; es en este segundo ámbito donde ubico al ensayo Redadas Literarias de Belén Vila que acertada y merecidamente ha tenido cobijo editorial por el Grupo Editorial Mesa Redonda, lo cual la vuelve de observancia obligatoria no solo para los Ribeyranos o amantes de la literatura o crítica alternativa, sino también para los operadores del derecho y de la gestión pública.

Así, saludo con mucha alegría que este  29 de agosto 2018, la Municipalidad de Barranco,  haya invitado a Belén Vila a un conservatorio conmemorando el natalicio de "El flaco" como solían llamar a Ribeyro, al lado de Enrique Coaguila y Giovanna Pollarolo,  acto que estoy seguro rinde un merecido homenaje a un peruano extraordinario, no por algo dicho evento fue difundido en prensa nacional (Diario La República, edición 29.08.2018). Expresiones culturales como esta nos da fe de que la cultura, la creación y crítica literaria seria y trascendente no morirá, por ende la fuente de las utopías que fortalece el ideal de Estado Constitucional; pese a estos tiempos de agobiante  estupidez social y política.

No hay comentarios: