El papado de Juan XXIII se prolongó entre 1958 y
1963, periodo en el que publicó sus encíclicas Mater et Magistra (1961) y Pacem
in Terris (1963), ésta última escrita en plena Guerra Fría tras la “crisis de
los misiles” en Cuba de octubre de 1962. Ambas se convirtieron en documentos de
referencia que marcaron el papel de la Iglesia católica en la posguerra; acá un
resumen de ésta última con motivo de su reciente santificación.
INTRODUCCION
La paz en la tierra,
suprema aspiración de toda la humanidad a través de la historia, es indudable
que no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden
establecido por Dios.
El progreso científico
y los adelantos técnicos enseñan claramente que en los seres vivos y en las
fuerzas de la naturaleza impera un orden maravilloso y que, al mismo tiempo, el
hombre posee una intrínseca dignidad, por virtud de la cual puede descubrir ese
orden y forjar los instrumentos adecuados para adueñarse de esas mismas fuerzas
y ponerlas a su servicio.
Pero el progreso
científico y los adelantos técnicos lo primero que demuestran es la grandeza
infinita de Dios, creador del universo y del propio hombre.
El Creador ha impreso
un orden que la conciencia humana descubre y manda observar estrictamente.
Pero una opinión
equivocada induce con frecuencia a muchos al error de pensar que las relaciones
de los individuos con sus respectivas comunidades políticas pueden regularse
por las mismas leyes que rigen las fuerzas y los elementos irracionales del
universo, siendo así que tales leyes son de otro género y hay que buscarlas
solamente allí donde las ha grabado el Creador de todo, esto es, en la
naturaleza del hombre.
Son, en efecto, estas
leyes las que enseñan claramente a los hombres, primero, cómo deben regular sus
mutuas relaciones en la convivencia humana; segundo, cómo deben ordenarse las
relaciones de los ciudadanos con las autoridades públicas de cada Estado;
tercero, cómo deben relacionarse entre sí los Estados; finalmente, cómo deben
coordinarse, de una parte, los individuos y los Estados, y de otra, la
comunidad mundial de todos los pueblos, cuya constitución es una exigencia
urgente del bien común universal.
ORDENACION DE LAS RELACIONES CIVILES
En toda convivencia
humana bien ordenada y provechosa hay que establecer como fundamento el
principio de que todo hombre es persona, esto es, naturaleza dotada de
inteligencia y de libre albedrío, y que, por tanto, el hombre tiene por sí
mismo derechos y deberes, que dimanan inmediatamente y al mismo tiempo de su
propia naturaleza.
Si, por otra parte,
consideramos la dignidad de la persona humana a la luz de las verdades
reveladas por Dios, hemos de valorar necesariamente en mayor grado aún esta
dignidad, ya que los hombres han sido redimidos con la sangre de Jesucristo,
hechos hijos y amigos de Dios por la gracia sobrenatural y herederos de la
gloria eterna.
Puestos a desarrollar,
en primer término, el tema de los derechos del hombre, observamos que éste
tiene un derecho a la existencia, a la integridad corporal, a los medios
necesarios para un decoroso nivel de vida, cuales son, principalmente, el
alimento, el vestido, la vivienda, el descanso, la asistencia médica y,
finalmente, los servicios indispensables que a cada uno debe prestar el Estado.
De lo cual se sigue
que el hombre posee también el derecho a la seguridad personal en caso de
enfermedad, invalidez, viudedad, vejez, paro y, por último, cualquier otra
eventualidad que le prive, sin culpa suya, de los medios necesarios para su
sustento.
Los derechos naturales
están unidos en el hombre que los posee con otros tantos deberes, y unos y
otros tienen en la ley natural, que los confiere o los impone, su origen,
mantenimiento y vigor indestructible.
Verdad, justicia, amor
y libertad, fundamentos de la convivencia humana. La convivencia civil sólo puede juzgarse ordenada, fructífera y
congruente con la dignidad humana si se funda en la verdad. Es una advertencia
del apóstol San Pablo: ‘’Despojándoos
de la mentira, hable cada uno verdad con su prójimo, pues que todos somos
miembros unos de otros’’.
Esto ocurrirá,
ciertamente, cuando cada cual reconozca, en la debida forma, los derechos que
le son propios y los deberes que tiene para con los demás. Más todavía: una
comunidad humana será cual la hemos descrito cuando los ciudadanos, bajo la
guía de la justicia, respeten los derechos ajenos y cumplan sus propias
obligaciones; cuando estén movidos por el amor de tal manera, que sientan como
suyas las necesidades del prójimo y hagan a los demás partícipes de sus bienes,
y procuren que en todo el mundo haya un intercambio universal de los valores
más excelentes del espíritu humano.
No basta esto sólo,
porque la sociedad humana se va desarrollando conjuntamente con la libertad, es
decir, con sistemas que se ajusten a la dignidad del ciudadano, ya que, siendo
éste racional por naturaleza, resulta, por lo mismo, responsable de sus acciones.
Las características de nuestra época son:
-La elevación del mundo
laboral
-La presencia de la mujer
en la vida pública
-La emancipación de los pueblos
ORDENACION DE LAS RELACIONES POLITICAS
Una sociedad bien
ordenada y fecunda requiere gobernantes, investidos de legítima autoridad, que
defiendan las instituciones y consagren, en la medida suficiente, su actividad
y sus desvelos al provecho común del país. Toda la autoridad que los
gobernantes poseen proviene de Dios.
Todos los individuos y
grupos intermedios tienen el deber de prestar su colaboración personal al bien
común.
En 1a época actual se
considera que el bien común consiste principalmente en la defensa de los
derechos y deberes de 1a persona humana. De aquí que la misión principal de los
hombres de gobierno deba tender a dos cosas: de un lado, reconocer, respetar,
armonizar, tutelar y promover tales derechos; de otro, facilitar a cada
ciudadano el cumplimiento de sus respectivos deberes.
No puede establecerse
una norma universal sobre cuál sea la forma mejor de gobierno ni sobre los
sistemas más adecuados para el ejercicio de las funciones públicas, tanto en la
esfera legislativa como en 1a administrativa y en la judicial.
Todo 1o expuesto hasta aquí se deriva con plena
claridad que, en nuestra época, lo primero que se requiere en la organización
jurídica del Estado es redactar, con fórmulas concisas y claras, un compendio
de los derechos fundamentales del hombre e incluirlo en la constitución general
del Estado.
No puede aceptarse la
doctrina de quienes afirman que la voluntad de cada individuo o de ciertos
grupos es la fuente primaria y única de donde brotan los derechos y deberes del
ciudadano, proviene la fuerza obligatoria de la constitución política y nace,
finalmente, el poder de los gobernantes del Estado para mandar.
ORDENACION DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES
-Las
relaciones internacionales deben regirse por la ley moral
-Las
relaciones internacionales deben regirse por la verdad
-Las
relaciones internacionales deben regirse por la justicia
-Las
relaciones internacionales deben regirse por el principio de la solidaridad
activa
-Las
relaciones internacionales deben regirse por la libertad
-Convicciones
y esperanzas de la hora actual.
Nos complace confirmar
ahora con nuestra autoridad las enseñanzas que sobre el Estado expusieron
repetidas veces nuestros predecesores, esto es, que las naciones son sujetos de
derechos y deberes mutuos y, por consiguiente, sus relaciones deben regularse
por las normas de la verdad, la justicia, la activa solidaridad y la libertad.
Porque la misma ley natural que rige las relaciones de convivencia entre los
ciudadanos debe regular también las relaciones mutuas entre las comunidades
políticas.
Es necesario recordar
que también en la ordenación de las relaciones internacionales la autoridad
debe ejercerse de forma que promueva el bien común de todos, ya que para esto
precisamente se ha establecido.
Hay que establecer como
primer principio que las relaciones internacionales deben regirse por la
verdad. La experiencia enseña que son muchas y muy
grandes las diferencias entre los hombres en ciencia, virtud, inteligencia y
bienes materiales. Sin embargo, este hecho no puede justificar nunca el
propósito de servirse de la superioridad propia para someter de cualquier modo
a los demás.
Como las relaciones internacionales deben
regirse por las normas de la verdad y de la justicia, por ello han de
incrementarse por medio de una activa solidaridad física y espiritual. Esta
puede lograrse mediante múltiples formas de asociación, como ocurre en nuestra
época, no sin éxito, en lo que atañe a la economía, la vida social y política,
la cultura, la salud y el deporte.
Las relaciones
internacionales deben regularse por las normas de la justicia, lo cual exige
dos cosas: el reconocimiento de los mutuos derechos y el cumplimiento de los
respectivos deberes.
El paterno amor con
que Dios nos mueve a amar a todos los hombres nos hace sentir una profunda
aflicción ante el infortunio de quienes se ven expulsados de su patria por
motivos políticos.
El de que las
relaciones internacionales deben ordenarse según una norma de libertad. El
sentido de este principio es que ninguna nación tiene derecho a oprimir
injustamente a otras o a interponerse de forma indebida en sus asuntos.
Se ha ido
generalizando cada vez más en nuestros tiempos la profunda convicción de que
las diferencias que eventualmente surjan entre los pueblos deben resolverse no
con las armas, sino por medio de negociaciones y convenios.
ORDENACION DE LAS RELACIONES MUNDIALES
-La
interdependencia de los Estados en lo social, político y económico.
-La
autoridad política es hoy insuficiente para lograr el bien común universal.
- Es
necesaria una autoridad pública de alcance mundial.
- La
autoridad mundial debe establecerse por acuerdo general de las naciones.
- La
autoridad mundial debe proteger los derechos de la persona humana.
- El
principio de subsidiariedad en el plano mundial.
- La
organización de las Naciones Unidas
Los recientes
progresos de la ciencia y de la técnica, que han logrado repercusión tan
profunda en la vida humana, estimulan a los hombres, en todo el mundo, a unir
cada vez más sus actividades y asociarse entre sí.
Ninguna época podrá
borrar la unidad social de los hombres, puesto que consta de individuos que
poseen con igual derecho una misma dignidad natural. Por esta causa, será
siempre necesario, por imperativos de la misma naturaleza, atender debidamente
al bien universal, es decir, al que afecta a toda la familia humana.
En nuestros días, las
relaciones internacionales han sufrido grandes cambios.
No se puede juzgar del
bien común de una nación sin tener en cuenta la persona humana, lo mismo debe
decirse del bien común general; por lo que la autoridad pública mundial ha de
tender principalmente a que los derechos de la persona humana se reconozcan, se
tengan en el debido honor, se conserven incólumes y se aumenten en realidad.
Como es sabido, e1 26
de junio de 1945 se creó 1a Organización de las Naciones Unidas, conocida con
la sigla ONU
NORMAS PARA LA ACCION TEMPORAL DEL CRISTIANISMO
- Presencia activa en todos los campos
- Coherencia entre la fe y la conducta
- Dinamismo creciente en la acción temporal
- Relaciones de los católicos con los
no-católicos
- Distinguir entre filosofías y corrientes
históricas
- Evolución, no revolución
- Llamamiento a una tarea gloriosa y
necesaria
- Es necesario orar por la paz
Para imbuir la vida
pública de un país con rectas normas y principios cristianos, no basta que
nuestros hijos gocen de la luz sobrenatural de la fe y se muevan por el deseo
de promover el bien; se requiere, además, que penetren en las instituciones de
la misma vida pública y actúen con eficacia desde dentro de ellas.
Es un hecho evidente
que, en las naciones de antigua tradición cristiana, las instituciones civiles
florecen hoy con un indudable progreso científico y poseen en abundancia los
instrumentos precisos para llevar a cabo cualquier empresa; pero con frecuencia
se observa en ellas un debilitamiento del estímulo y de la inspiración
cristiana.
La inconsecuencia que
demasiadas veces ofrecen los cristianos entre su fe y su conducta, juzgamos que
nace también de su insuficiente formación en la moral y en la doctrina
cristiana.
Importa distinguir
siempre entre el error y el hombre que lo profesa, aunque se trate de personas
que desconocen por entero la verdad o la conocen sólo a medias en el orden
religioso o en el orden de la moral práctica.
Entre las tareas más
graves de los hombres de espíritu generoso hay que incluir, sobre todo, la de
establecer un nuevo sistema de relaciones en la sociedad humana, bajo el
magisterio y la égida de la verdad, la justicia, la caridad y la libertad:
primero, entre los individuos; en segundo lugar, entre los ciudadanos y sus
respectivos Estados; tercero, entre los Estados entre sí, y, finalmente, entre
los individuos, familias, entidades intermedias y Estados particulares, de un
lado, y de otro, la comunidad mundial. Tarea sin duda gloriosa, porque con ella
podrá consolidarse la paz verdadera según el orden establecido por Dios.
La paz no puede darse
en la sociedad humana si primero no se da en el interior de cada hombre, es decir,
si primero no guarda cada uno en sí mismo el orden que Dios ha establecido.
Las enseñanzas que
hemos expuesto sobre los problemas que en la actualidad preocupan tan
profundamente a la humanidad, y que tan estrecha conexión guardan con el
progreso de la sociedad, nos las ha dictado el profundo anhelo del que sabemos
participan ardientemente todos los hombres de buena voluntad; esto es, la
consolidación de la paz en el mundo.
En la sagrada liturgia
de estos días resuena el mismo anuncio: Cristo
resucitado, presentándose en medio de sus discípulos, les saludó diciendo: «La
paz sea con vosotros. Aleluya». Y los discípulos se gozaron viendo al Señor.
Cristo, pues, nos ha traído la paz, nos ha dejado la paz: ‘’La paz os dejo, mi paz os doy. No como el
mundo la da os la doy yo’’
ACTUALIDAD
La paz en la tierra es el objetivo principal
de todas las naciones y generalmente hablando de los gobiernos, pero buscan paz
con guerra, y todo sería distinto si se basaran en principios morales para
atacar de raíz la violencia.
En el mundo muchas veces hay una idea errónea
de paz porque no es que jamás vayan a haber desacuerdos, sino que estos
desacuerdos solucionen por una vía más factible que la de matar a los que hacen
el mal; no debemos ser tan indiferentes a las altas estadísticas de muerte y no
nos debe valer el hecho que hay gente muriéndose de hambre. Y ¿cómo hacerlo?
Sembrando valores desde las generaciones más pequeñas.
La paz comienza con una sonrisa



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